Me suelo encontrar con esos cuadros de «paso a paso para un #feedback efectivo» o «técnicas de feedback» que suponen resuelven todo el asunto. ¿Lo resuelven?

Lo dudo mucho. No por nada las empresas repiten una y otra vez cursos sobre feedback. Resulta curioso -y no tan curioso- que los problemas relacionados con el feedback suceden en casi todos los dominios: en la familia, entre amigos, entre ciudadanos-vecinos, entre políticos… ¿Lo has visto?.

Es que hay algo que no miramos. Se trata del Espacio Ético-Emocional desde el cual nos relacionamos y desde el cual damos y recibimos feedback. Este espacio debe -necesita- ser abordado. Es imperioso.

El aprendizaje transformacional va de esto. No es posible cambiar ciertos comportamientos sin abordar sus fundamentos. Pero claro, aquí muchos «hacen agua». Cuando contratas a consultores / formadores / facilitadores que no pueden salir de los libros que leyeron porque no han hecho nunca investigación, porque no se dedican a profundizar sino a vender lo que copiaron de otro lado, entonces obtenemos más o menos los mismos resultados.

La frase de hoy propone la reflexión sobre este espacio ético-emocional necesario para un feedback efectivo, saludable, fluido, o si se quiere: orgánico. Esta es mi propuesta.

EZEQUIEL PONCE
Consultor en Aprendizaje Transformacional
Researcher. Executive Trainer